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martes, 29 de marzo de 2011

ORGANIZACIÓN POLÍTICA NACIONAL


MANIFIESTO A LA NACIÓN

Para salir del Desastre Nacional

¡Gobierno Popular y Asamblea Nacional Constituyente¡

¡Fuera Calderón ya!

¡A construir la Organización Política Nacional de l@s Trabajador@s y el Pueblo!

Al pueblo de México

El 30 de octubre de 2010 el Sindicato Mexicano de Electricistas llamó a construir una fuerza política nacional para expulsar del gobierno y de la conducción del país a los responsables del desastre nacional. A ese llamado, realizado en el Estadio Azteca ante más de 60 mil personas, nos hemos adherido dirigentes y activistas de organizaciones obreras, campesinas, indígenas, populares y políticas de todas las entidades de la República para dar paso a la fundación de una Organización Política Nacional de los trabajadores y el pueblo.

Hoy, como hace 100 y 200 años, la acumulación de afrentas a la dignidad nacional, el grado de podredumbre e impunidad de quienes usurpan la conducción del país y la pobreza acumulada producto de la explotación, el despojo y la violencia, han llegado a extremos tales que no podrán ser mitigados, revertidos y superados sin una nueva revolución popular.

Los motivos para nuestra determinación están a la vista. Al drama social heredado por 500 años de saqueo y explotación colonial e imperialista, debemos sumar la crisis social provocada por el capitalismo neoliberal. Crisis que ha llegado a niveles que rayan en la catástrofe durante los últimos cuatro años de usurpación. En ese lapso nuestros ingresos cayeron entre 30 y 40 por ciento; aumentaron en 10 millones el número de nuevos pobres, en 4 millones los desempleados y se acumularon 8 millones de jóvenes sin escuela y sin empleo. En este momento, la pobreza afecta ya al 70 por ciento de la población nacional. La vida en las comunidades indígenas y los cinturones de miseria es un infierno.

En tanto los oligarcas han acumulado riquezas inauditas a costa de la explotación de los trabajadores y el saqueo de los bienes naturales y la propiedad pública y social. Slim, Larrea, Salinas Pliego y Azcárraga, entre otros, son algunos de los grandes ladrones que han causado la ruina de la nación y la miseria de nuestro pueblo.

Ellos y los políticos que están a su servicio terminaron de convertir la soberanía nacional en una caricatura. La firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, formalizó el sometimiento de nuestro país a los intereses de las corporaciones trasnacionales. La industria nacional y la producción agropecuaria fueron desmanteladas. La dependencia económica hacia las potencias imperialistas se ha transformado cada vez más en ocupación colonial.

Así, el 90 por ciento del sistema financiero pasó a manos extranjeras y el monto de la deuda nacional se disparó. En clara violación al orden constitucional el 43 por ciento de la producción de energía eléctrica está en manos privadas; al igual que buena parte de los procesos de exploración, producción y refinación de PEMEX, empresa pública que durante el calderonato ha registrado perdidas por 273 mil millones de pesos, a pesar de los altos precios del crudo en los mercados internacionales. Al ritmo que vamos México se convertirá en importador de crudo en 2017.

Qué decir de las minas y el agua que han sido asaltadas por empresas extranjeras y por la oligarquía mexicana, o de la soberanía alimentaria cuando México importa la mitad de la comida que consume; cuando los monopolios del agronegocio especulan con los precios de los alimentos e imponen patrones de producción y consumo que multiplican la diabetes, el cáncer y todo tipo de enfermedades.

En tanto, la desarticulación y la precarización de la clase obrera y de la pequeña y mediana producción siguen su marcha. Los derechos laborales, producto de la Revolución Mexicana y de las luchas de los trabajadores durante la última centuria, prácticamente han sido anulados. El grueso de la clase política y de los empresarios están empeñados en liquidar los artículos de Ley Federal del Trabajo que favorecen a los trabajadores y en desaparecer a las organizaciones obreras más antiguas y combativas: al Sindicato Mexicano de Electricistas y al Sindicato Minero, entre otras. La contrarreforma laboral propuesta por el PRI en estos días es prueba fehaciente de ello.

Las cámaras legislativas y el poder judicial están corrompidos hasta la medula y se ofertan al mejor postor. La dictadura mediática es total. La camarilla golpista y ultraderechista del señor Calderón, transgrediendo la Constitución, dispone de las fuerzas policiales y militares a capricho y en función de los designios del Gobierno Yanqui que habla de invadir militarmente a nuestro país. No hay duda, el bloque oligárquico-imperialista está configurando un escenario de violencia y guerra que facilite la instalación de una dictadura civil-militar que, de ser necesario, haga imposible la salida pacífica a la crisis política del régimen. La violencia empieza a ser la opción prioritaria de los neoliberales para mantenerse en el poder.

La crisis de legitimidad del gobierno usurpador amenaza con transformarse en una crisis de estado. El desprestigio y el desgate de Calderón han llegado a su máximo nivel desde que consumó el Golpe de Estado Técnico en 2006. Cada vez gana más consenso que Calderón y su pandilla deben ser juzgados por traición a la patria, por usurpar las instituciones y por su responsabilidad en la violación masiva de derechos humanos y la violencia generalizada que ha dejado hasta ahora 40 mil personas asesinadas, entre ellas más de mil niños. La guerra entre la delincuencia organizada, de la que forma parte el gobierno usurpador, terminó por sumir en el desprestigio a las fuerzas militares y policiales.

Si los grandes empresarios, la corrupta clase política y la alta burocracia siguen gobernando, el caos y la violencia terminaran de hundir al pueblo de México en una larga y sangrienta dictadura; en una interminable escalada de asaltos a los derechos conquistados, al patrimonio familiar y a los bienes públicos y naturales. La ocupación del territorio nacional por parte de las potencias y empresas extranjeras proseguirá hasta arrebatarnos lo poco que nos queda, haciendo imposible la democracia desde el pueblo, la justicia social y la soberanía nacional. En este momento el gobierno de Obama discute de forma pública la posible invasión militar del territorio nacional.

No existe más salida para el pueblo y la nación: o son ellos o somos nosotros. ¡Calderón debe irse ya! Las rebeliones populares en el Norte de África, en el Medio Oriente, el Mediterráneo y en Wisconsin son ejemplos a seguir, las tiranías pueden ser derrotadas.

En tales circunstancias ya no bastan nuestras viejas organizaciones gremiales o las añejas estrategias de movilización y negociación. Ahora, la única forma de defender nuestros derechos económicos y sociales es luchando para echar del gobierno y del poder a los neoliberales. Ese es el primer paso que nos proponemos dar en la ruta de la liberación nacional y social de los mexicanos, en el camino de nuestra segunda independencia.

Ante la inexistencia de una organización política de izquierda representativa del pueblo trabajador, se hace indispensable que organicemos una nueva fuerza basada directamente en los movimientos sociales, con un proyecto claramente clasista, popular y de izquierda para desde ahora y sin esperar a los “tiempos políticos” que el propio sistema marca, combatir con efectividad al régimen oligárquico y sus comparsas.

Estamos llamando a construir el instrumento político de l@s trabajador@s y el pueblo, una fuerza política que posibilite la construcción del poder popular y social que habrá de reemplazar al viejo y anacrónico régimen político. Que apoye y aliente el desarrollo de las fuerzas productivas, políticas y culturales regeneradoras que ya se abren paso en las comunidades y los pueblos originarios y en las organizaciones del trabajo; en los movimientos urbanos, de mujeres, de la diversidad sexual, de los pequeños empresarios, de los ciudadanos; en fin, de las fuerzas que ya emergen en las iniciativas de hombres y mujeres libres que gritan ¡Basta! Queremos ser un espacio donde todas las expresiones de la lucha social se encuentren y adquieran la forma de insurgencia civil y popular.

La nueva fuerza política asume como propias las formas de lucha que se corresponden con la búsqueda de una salida política y pacífica a la crisis nacional. A pesar de que no descartamos entre otras la lucha electoral, no nos constituimos como una fuerza de presión para negociar con los actuales partidos, movimientos o personajes políticos, candidaturas y puestos. El nuestro es un proyecto de naturaleza partidaria que persigue refundar la nación desde un proyecto popular.

Por sus fines, nuestro movimiento político no pondrá por delante definiciones ideológicas dogmáticas o el alineamiento con determinada corriente del pensamiento de izquierda. Sin embargo, todos los componentes de nuestra plataforma democrático-nacional serán enfatizados desde el cuestionamiento al sistema capitalista y las nuevas formas de colonialismo que ha engendrado. En ese contexto asumiremos nuestras tareas internacionalistas, de hermanamiento con los pueblos de Nuestra América y con las clases trabajadoras y los pueblos del mundo.

Sin afanes vanguardistas proyectamos un movimiento político autónomo, con vida y dirección propia, capaz de superar el viejo lastre de la dependencia hacia los caudillos y las formaciones burguesas liberal-progresistas o socialdemócratas. Para enfrentar al enemigo principal de este momento: la oligarquía y el imperialismo, haremos alianzas y acuerdos puntuales con todas las fuerzas dispuestas a enfrentarlos.

La Organización Política Nacional se compondrá de afiliados y comités de base, sectoriales y territoriales en todo el país, por municipios, comunidades, barrios, centros laborales, escuelas, sociedades civiles, cooperativas y ligas deportivas. La incorporación y la militancia serán a título personal. Las tribus o el fraccionalismo no tienen cabida.

Para nosotros la dimensión ética es fundamental. Hacemos de la congruencia entre el decir y el hacer una de nuestras banderas centrales. El trabajo constante y el respeto a los procedimientos democráticos y a los acuerdos serán nuestra norma. Las prácticas y expresiones sexistas y racistas no tienen cabida en nuestras filas.

Llamamos a todo el pueblo de México, comenzando por quienes hoy luchan y resisten, a unirse a este gran esfuerzo en cualquier lugar del país donde se encuentren; a asistir a la Asamblea Nacional preparatoria el 26 de marzo en el Auditorio Nuevo del SME ubicado en Insurgentes 98 y a ser parte del Congreso Fundacional que se realizará el 5, 6 y 7 de mayo, en la Ciudad de México.

¡No más sangre! ¡Basta de Hambre!

¡Trabajo y vida digna para tod@s!

Comisión Nacional Organizadora y Promotora de la OPN


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La crisis que vive actualmente el capitalismo pone al orden del día la urgente necesidad de una organización que eleve el nivel de conciencia de los trabajadores para acabar con la explotación del hombre por el hombre y establezca un gobierno de los trabajadores del campo y la ciudad